miércoles, 27 de enero de 2016

2.Una partida de billar

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Al día siguiente me encontraba en la cocina diminuta con otros 9 estudiantes. La residencia contaba con 4 plantas aproximadamente 50 habitaciones por planta, algunas habitaciones eran para una persona, y otras para compartir entre tres. Cada planta tenía una cocina para repartir entre los 80 estudiantes. La cocina era minúscula, por lo que teníamos que hacer cola para usar el fogón. Al ser tantos solíamos coincidir en la cocina. A veces simplemente, para hablar y conocernos.

Ese día estábamos reunidos 7 estudiantes, entre ellos turcos, polacos, un escocés y una rumana. Era enriquecedor ver tantas culturas juntas y conocer los diferentes pensamientos e ideologías de cada uno. Ya que apenas había sitio en la cocina, unos estaban de pie, otros en las sillas y yo apoyada en la ventana, enfrente de la puerta. A pesar de haber tanto “enriquecimiento cultural” cada vez que alguien entraba por la puerta me ponía nerviosa pensando que podría ser aquel desconocido del día anterior. ¿Por qué estaría nerviosa si lo acababa de conocer? De repente, se abrió la puerta, no porque lo viera, si no por el chirrido que hacía la puerta vieja al abrirse. Mis ojos se dirigieron hacia la entrada mientras mi compañero turco, Ümit, continuaba hablando en un inglés que costaba bastante entender. Al abrirse la puerta, durante unos segundos mi corazón se paró, no sé muy bien si era por el frío que entraba de fuera o porque entró él, el polaco. Sin embargo, noté como me empezaba a subir calor por el cuerpo y me estaba poniendo roja como un tomate. Él me sonrió y me saludó, se quedó un rato en la cocina y se volvió a marchar. Ese fue el único contacto que tuve con él aquel día.

Cuarto día en la residencia. Los estudiantes planeaban una salida al billar en “Hlavna ulice”el centro de Kosice, -¿por qué no? No se me da bien, pero seguro que nos divertimos, pensé-. Habíamos quedado en el pasillo de la residencia, en el tercer piso, donde yo vivía (compartiendo habitación con otras dos estudiantes, Melitta (rumana) y Fulya (turca). Cuando me fui acercando al punto de encuentro de repente le vi. Ahí estaba, esperando a los demás, con su sonrisa perfecta, sus gafitas, y algo extraño tenía en la mano. Una caja larga rectangular. Nada mas verme me sonrió y me pidió si le aguantaba la caja misteriosa porque tenía que ir a su cuarto un momento. Mientras tanto me fijé hacia dónde se dirigía, así poder saber dónde vivía. Entró al cuarto de enfrente de la cocina, ¿cómo no le habría visto más veces? Volvió y sin más se la di de vuelta, no pregunté qué era aunque tenía curiosidad. 
Hlavna ulice, Kosice

Llegó el momento de irnos hacia el autobús para dirigirnos al centro y me junté con otro grupo de estudiantes, entre ellos Charly, mi querido amigo malagueño. Charly era el típico andaluz “salao” que siempre te sacaba una sonrisa, siempre te hacía reír y te animaba aunque él estuviera por los suelos.

 Tras 15 minutos de viaje nos bajamos del autobús  en la parada del centro comercial Aupark. Al bajar del autobús nos hicimos una foto todos juntos para inmortalizar ese momento. El polaco se me acercó y me dio de nuevo su caja para cogérsela mientras se ataba los zapatos. ¿Casualidad? Desde aquel momento, empezamos a hablar durante toda la calle Hlavna ulice camino hasta “Relax billiard club”. Ahí por fin descubrí su nombre, Bartlomiej, polaco 22 años, pero le llaman Bartek. Primera vez que escuchaba tal nombre, por lo que aunque intenté acordarme, poco tiempo duró en mi cabeza.

Durante ese camino le pregunte sobre su novia, ya que le vi corriendo tras ella en la fiesta donde nos conocimos. A lo que me contó que era una chica con la que había estado, pero que ya se había acabado. Sin saber por qué, mi corazón dio un suspiro de alivio.

Entramos todos los estudiantes a la sala de billar. Ahí apoyó su caja y la abrió, todos curiosos nos pusimos a mirar el interior, era el palo con el que se juega al billar, ¡el polaco era profesional!  Por lo que por una vez se me ocurrió una buena idea, (peliculera ,por supuesto). ¿Y si me ayudara a jugar al billar, el roce, quiero decir, que me enseñara a jugar porque yo no sé (cosa que es cierta)? Mientras mis ojos hacían chispitas y mi estómago mariposas se me adelantó otro chico, Momo, un medio español- moro, se acercó a mi y me dijo “Loida, ven que te enseño” . Me agarró por la cintura con intención de ¿enseñarme a jugar? ,¿ tener más acercamiento? No me importaba su interés ya que yo no quería perder mi oportunidad de tener más contacto con Bartek. Así que miré a mi amigo Charly con cara de “ ¡sálvame! Yo quiero "aprender" con el polaco, no con éste!” (sí sí, todo eso con la mirada, y ¡ me entendió! ) así que gracias a Charly pude soltarme y le pedí  a Bartek que me enseñara. Por un momento me sentí como el videoclip de David Bustamente y Alex "Dos hombres y un destino". Sólo me faltaba el ventilador dándome en la cara y soltando la melena al viento.  Me puse muy , muy nerviosa estando cerca de él, incluso recuerdo ese momento tan incómodo en el que el bigote , o mejor dicho el labio superior,se me llenó de" pompitas "de sudor por nervios... ¡Que vergüenza pasé! Ya podría ser como el eslogan ¡Cuando haces pop ya no hay stop!

Le vi jugar y era muy bueno, ¡me sorprendí! De vez en cuando se giraba a mirarme y me ponía “tontita como una adolescente”. Evidentemente ganó las partidas a todos los que estábamos allí, hasta a Momo, que también era experto. La verdad, todos nos alegramos porque Momo era un chico bastante prepotente y creído, sin embargo Bartek era un chico humilde, por lo que todos disfrutamos de su victoria.


Salimos del billar, Bartek y yo no paramos de hablar todo el camino. ¡Me sentía tan cómoda! No le conocía de nada, pero sentía que podía hablar y hablar de cualquier cosa. Simplemente mostrándome yo misma. Es como si le conociera de toda la vida. Tal vez suena peliculero, pero así es como me sentí. Antes de llegar a la residencia, Bartek nos propuso a todos ir a cenar a Borzelino Pizza, un trozo de pizza enorme por un euro, y según él, el mejor sitio de pizza de todo el mundo. Nos dijo” Esta es la mejor pizza del mundo” y yo le contesté” algún día nos veremos las caras en una pizzería de Mallorca, Monkey, ¡esa es la mejor pizza del mundo! Y ya me dirás si tengo razón” ,“vale, vale ya veremos” me dijo él mostrando una sonrisa pícara .
 De vuelta a la residencia otra vez nos juntamos y pasamos todo el camino hablando. Vimos el autobús a lo lejos, por lo que todos los estudiantes empezaron a correr, menos yo, él me miró , dejó de correr, y  dijo “Bah, podemos esperar a coger el siguiente, ¿damos un paseo?”

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