domingo, 31 de enero de 2016

3. El camino se bifurca

La vuelta a la residencia fue por decirlo de alguna manera, rara. Al salir de Borzelino Pizza y no coger el autobús, Bartek y yo fuimos a dar un paseo. Seguimos hablando sin parar. Cada vez me interesaba más y más conocerle. ¿Qué era ese algo especial que tenía su mirar? ¿o era su sonrisa profident? Normal que tuviera tal sonrisa perfecta. Bartek estaba en tercer año de carrera de Odontología y Medicina en la universidad Pavla Josefa Safarik de Kosice, en la misma que yo cursaba 5º de Filología Inglesa, pero nuestras facultades estaban separadas por 17 km, ya que sus clases eran en el hospital de la ciudad. 
Bartek era un chico muy tradicional, venía de familia católica, muy educada, con grandes valores. Se pasaba el día entero estudiando, por lo que no tenía mucho tiempo para estar con él porque se tomaba muy en serio sus estudios. El tiempo que pasábamos hablando volaba, empezábamos a hablar y de repente habían pasado 3 o 4 horas. ¿Cómo podía ser?
Aquella tarde de Septiembre me sentía muy a gusto con él. Llegó el momento de coger el bus de vuelta porque él tenía que estudiar. Llegamos a la residencia, y subimos los 3 pisos hasta llegar a nuestros cuartos. Llegó el momento de decir adiós. Nos separaban un par de habitaciones. Al subir las escaleras su habitación estaba a la izquierda, enfrente de la cocina, y mi habitación a la derecha, al final del pasillo, justo al lado de la terraza para tender la ropa, aquel sitio que parecía que entrabas al Polo Norte, donde sacabas tu ropa completamente dura con estalactitas colgando de las mangas.
-¿Qué planes tienes ahora?- Pregunté entre suspiros por subir los  3 pisos.
-Me iré al cuarto que tengo que estudiar
-Ok, que te sea leve- Contesté un poco triste que se acabara nuestra noche. Sin recibir dos besos, ni ningún tipo de acercamiento, se dio la vuelta y se fue.  Me fui cabizbaja caminando hacia mi cuarto pensando en cuándo volvería a verle. Llegué a mi cuarto, dejé el bolso, el abrigo y me senté en la cama. – Necesito volver a verle, pensé- Así que me levanté, y fui hacia el pasillo por si acaso le veía. Al momento que salí de mi cuarto hacia el pasillo, él salía de su cuarto hacia el pasillo. Los dos nos quedamos mirándonos, sorprendidos, nos pusimos rojos (o al menos noté el calor en mis mejillas) y nos preguntamos a la vez ¿Dónde vas? Por lo que la risa y sonrisa tímida apareció en ambos rostros.
 –Voy a cenar a la cocina-contestó Bartek. -Pero… ¡si acabamos de cenar! Dije yo asombrada – Ah si, es verdad. Pues nada , me voy al cuarto. – contestó Bartek.  Mi cara fue todavía más de sorpresa. Entonces, ¿por qué había salido del cuarto hacia el pasillo? ¿Se había olvidado que habíamos cenado y se volvía a meter a su habitación? No entendía absolutamente nada.

Por fin era viernes. ESN, la organización para los ERASMUS había preparado una fiesta para los nuevos estudiantes. Iríamos a un pub llamado Ibiza. Ya podría llamarse Mallorca para sentirme como en casa. No me suelen gustar las fiestas, pero tocaba ir, además conocería gente nueva. Me llamó mi “buddy “ Andrea Hanakova, era la que estaba “ a mi cargo” para ayudarme en temas universitarios, aunque también me ayudó para sacarme la tarjeta de débito y para la tarjeta del bus. Menos mal que la tuve a ella porque para entender eslovaco, tela. Si nos quejamos de que los españoles no hablan inglés para ayudar a los extranjeros, ahí menos.
Como todavía no empezaban las clases, nos juntábamos en las habitaciones para tomar el café, té, o probar comidas típicas de otros países. Me empecé a juntar con algunos turcos como Fulya, mi compañera de habitación. Una chica dulce, cariñosa, amigable pero muy tímida a la vez. Estaba influenciada por su cultura, demostrando un respeto por el prójimo y un servicio total al hombre. Siempre teniendo que seguir pensamientos de sus familias, o tener pareja que los padres habían elegido para ella. El estar fuera de casa le ayudó mucho a ver desde un punto de vista externo, y saber que ninguna mujer necesita de un hombre, ni ninguna mujer es una chacha, y por supuesto, un hombre no es mejor que una mujer.
Otro de los turcos eran Musab y Mizbah, dos chicos muy graciosos y abiertos. Siempre he creído que el amor no entiende de culturas ni razas, por eso no juzgaba por cultura, si no por persona. Mizbah tenía algo diferente que no había conocido en otros chicos anteriormente, una mirada muy penetrante, gracioso pero con un toque tímido que hacía que me gustara. Durante unos días estuvimos mucho tiempo juntos, jugando a las cartas, hablando,etc. Aunque he de decir que nos costaba comunicarnos ya que su nivel de inglés no era muy bueno. El mío tampoco era como el de una nativa, pero podía defenderme, ya que estaba en 5º año de Filología inglesa.)
¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba teniendo la oportunidad de conocer a dos chicos increíbles a la vez? Nunca había estado en esa situación, pero no podía elegir, ya que apenas les conocía,aunque  me gustaban muchas cosas de ambos.  Quizás la combinación de los dos sería perfecta, pero no quería que me gustara alguien por lo que yo quería que fuera si no por lo que realmente eran cada uno de ellos.

Llegó la noche de la fiesta Ibiza. Estábamos los erasmus preparados para ir. No sabía que los que no eran erasmus no estaban invitados a ir, por lo que Bartek, el polaco no iría, ya que él era estudiante internacional, pero no formaba parte de los erasmus. A pesar de que él no fuera a la fiesta, Mizbah estaría, por lo que al menos podría conocerle a él. Nos recogió el autocar en la puerta de Popradska 76, nos subimos y nos invitaron a chupitos, gratis. ¡Empezaba bien la noche! Una vez entrados en el local la gente empezaba a pedir bebidas, a beber como si no hubiera un mañana. ¿Iba a ser esa la realidad de los estudiantes? También ayudaba  el hecho que los chupitos costaran 0.50 € y una copa 3 euros. Decidí pedirme un ordinario vodka con limón, sin embargo ,ahí no sabían que era, ya que me pusieron todo el vaso de vodka y un trozo de limón en el borde de la copa. ¿Alguien puede beber eso sin más? Mi cuerpo no estaba acostumbrado, por lo que no tardé en encontrarme mal tras un par de copas.
La noche seguía, la gente bailando, divirtiéndose. Mientras estaba bailando al son de la canción con el atractivo turco, Mizbah , apareció Bartek en la fiesta. Me alegré, pero a la vez me sentí mal estar bailando con otro. ¿Por qué me sentía mal si no tenía absolutamente nada con ninguno? Mi idea de erasmus no era ni tener novio, ni conocer a alguien especial, más que sacarme las asignaturas que tenía de 5º, además de las imposibles pendientes de otros cursos. 
Bartek se acercó a las españolas, y le vi tonteando con Sandra, una alicantina muy guapa, pero que tenía novio en España. Me sorprendió por Bartek, ya que él defendía la fidelidad a muerte, no sólo por su parte, si no por los demás, y por mucho que le gustara alguien, no intentaría nada si la otra persona tiene pareja. Empezaron a bailar cada vez más juntos, y de repente desaparecieron ambos. Lo admito, me dolió, pero no podía reclamarle nada ya que no era nada mío. 
Yo me empezaba a encontrar mal, tanto por la situación, como por todo el alcohol que había injerido. Mizbah seguía dándome vueltas en la pista, por lo que aún me mareaba más. Paré y me fui hacia el baño, al salir estaba Mizbah esperándome en la puerta. ¿Para qué había venido? Él también iba bastante mal, más bien todos los estudiantes lo estábamos. Se me acercó, y de repente, sin darme a penas cuenta nos estábamos liando. ¿Qué estaba pasando? Sí, el chico me gustaba, pero no quería estar besando a ese chico sin más, además de estar borracha y seguramente no acordarme nada al día siguiente.
Decidí apartarme e irme. Me giré y Bartek estaba a pocos metros bailando con otra chica. Me acababa de liar con el turco y estaba celosa que él estuviera bailando con una chica. Loida , ¿qué te pasa? No me encuentro muy bien, es mejor volver a la residencia. ¿Sola? ¿con Mizbah o con Bartek?
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miércoles, 27 de enero de 2016

2.Una partida de billar

Al día siguiente me encontraba en la cocina diminuta con otros 9 estudiantes. La residencia contaba con 4 plantas aproximadamente 50 habitaciones por planta, algunas habitaciones eran para una persona, y otras para compartir entre tres. Cada planta tenía una cocina para repartir entre los 80 estudiantes. La cocina era minúscula, por lo que teníamos que hacer cola para usar el fogón. Al ser tantos solíamos coincidir en la cocina. A veces simplemente, para hablar y conocernos.

Ese día estábamos reunidos 7 estudiantes, entre ellos turcos, polacos, un escocés y una rumana. Era enriquecedor ver tantas culturas juntas y conocer los diferentes pensamientos e ideologías de cada uno. Ya que apenas había sitio en la cocina, unos estaban de pie, otros en las sillas y yo apoyada en la ventana, enfrente de la puerta. A pesar de haber tanto “enriquecimiento cultural” cada vez que alguien entraba por la puerta me ponía nerviosa pensando que podría ser aquel desconocido del día anterior. ¿Por qué estaría nerviosa si lo acababa de conocer? De repente, se abrió la puerta, no porque lo viera, si no por el chirrido que hacía la puerta vieja al abrirse. Mis ojos se dirigieron hacia la entrada mientras mi compañero turco, Ümit, continuaba hablando en un inglés que costaba bastante entender. Al abrirse la puerta, durante unos segundos mi corazón se paró, no sé muy bien si era por el frío que entraba de fuera o porque entró él, el polaco. Sin embargo, noté como me empezaba a subir calor por el cuerpo y me estaba poniendo roja como un tomate. Él me sonrió y me saludó, se quedó un rato en la cocina y se volvió a marchar. Ese fue el único contacto que tuve con él aquel día.

Cuarto día en la residencia. Los estudiantes planeaban una salida al billar en “Hlavna ulice”el centro de Kosice, -¿por qué no? No se me da bien, pero seguro que nos divertimos, pensé-. Habíamos quedado en el pasillo de la residencia, en el tercer piso, donde yo vivía (compartiendo habitación con otras dos estudiantes, Melitta (rumana) y Fulya (turca). Cuando me fui acercando al punto de encuentro de repente le vi. Ahí estaba, esperando a los demás, con su sonrisa perfecta, sus gafitas, y algo extraño tenía en la mano. Una caja larga rectangular. Nada mas verme me sonrió y me pidió si le aguantaba la caja misteriosa porque tenía que ir a su cuarto un momento. Mientras tanto me fijé hacia dónde se dirigía, así poder saber dónde vivía. Entró al cuarto de enfrente de la cocina, ¿cómo no le habría visto más veces? Volvió y sin más se la di de vuelta, no pregunté qué era aunque tenía curiosidad. 
Hlavna ulice, Kosice

Llegó el momento de irnos hacia el autobús para dirigirnos al centro y me junté con otro grupo de estudiantes, entre ellos Charly, mi querido amigo malagueño. Charly era el típico andaluz “salao” que siempre te sacaba una sonrisa, siempre te hacía reír y te animaba aunque él estuviera por los suelos.

 Tras 15 minutos de viaje nos bajamos del autobús  en la parada del centro comercial Aupark. Al bajar del autobús nos hicimos una foto todos juntos para inmortalizar ese momento. El polaco se me acercó y me dio de nuevo su caja para cogérsela mientras se ataba los zapatos. ¿Casualidad? Desde aquel momento, empezamos a hablar durante toda la calle Hlavna ulice camino hasta “Relax billiard club”. Ahí por fin descubrí su nombre, Bartlomiej, polaco 22 años, pero le llaman Bartek. Primera vez que escuchaba tal nombre, por lo que aunque intenté acordarme, poco tiempo duró en mi cabeza.

Durante ese camino le pregunte sobre su novia, ya que le vi corriendo tras ella en la fiesta donde nos conocimos. A lo que me contó que era una chica con la que había estado, pero que ya se había acabado. Sin saber por qué, mi corazón dio un suspiro de alivio.

Entramos todos los estudiantes a la sala de billar. Ahí apoyó su caja y la abrió, todos curiosos nos pusimos a mirar el interior, era el palo con el que se juega al billar, ¡el polaco era profesional!  Por lo que por una vez se me ocurrió una buena idea, (peliculera ,por supuesto). ¿Y si me ayudara a jugar al billar, el roce, quiero decir, que me enseñara a jugar porque yo no sé (cosa que es cierta)? Mientras mis ojos hacían chispitas y mi estómago mariposas se me adelantó otro chico, Momo, un medio español- moro, se acercó a mi y me dijo “Loida, ven que te enseño” . Me agarró por la cintura con intención de ¿enseñarme a jugar? ,¿ tener más acercamiento? No me importaba su interés ya que yo no quería perder mi oportunidad de tener más contacto con Bartek. Así que miré a mi amigo Charly con cara de “ ¡sálvame! Yo quiero "aprender" con el polaco, no con éste!” (sí sí, todo eso con la mirada, y ¡ me entendió! ) así que gracias a Charly pude soltarme y le pedí  a Bartek que me enseñara. Por un momento me sentí como el videoclip de David Bustamente y Alex "Dos hombres y un destino". Sólo me faltaba el ventilador dándome en la cara y soltando la melena al viento.  Me puse muy , muy nerviosa estando cerca de él, incluso recuerdo ese momento tan incómodo en el que el bigote , o mejor dicho el labio superior,se me llenó de" pompitas "de sudor por nervios... ¡Que vergüenza pasé! Ya podría ser como el eslogan ¡Cuando haces pop ya no hay stop!

Le vi jugar y era muy bueno, ¡me sorprendí! De vez en cuando se giraba a mirarme y me ponía “tontita como una adolescente”. Evidentemente ganó las partidas a todos los que estábamos allí, hasta a Momo, que también era experto. La verdad, todos nos alegramos porque Momo era un chico bastante prepotente y creído, sin embargo Bartek era un chico humilde, por lo que todos disfrutamos de su victoria.


Salimos del billar, Bartek y yo no paramos de hablar todo el camino. ¡Me sentía tan cómoda! No le conocía de nada, pero sentía que podía hablar y hablar de cualquier cosa. Simplemente mostrándome yo misma. Es como si le conociera de toda la vida. Tal vez suena peliculero, pero así es como me sentí. Antes de llegar a la residencia, Bartek nos propuso a todos ir a cenar a Borzelino Pizza, un trozo de pizza enorme por un euro, y según él, el mejor sitio de pizza de todo el mundo. Nos dijo” Esta es la mejor pizza del mundo” y yo le contesté” algún día nos veremos las caras en una pizzería de Mallorca, Monkey, ¡esa es la mejor pizza del mundo! Y ya me dirás si tengo razón” ,“vale, vale ya veremos” me dijo él mostrando una sonrisa pícara .
 De vuelta a la residencia otra vez nos juntamos y pasamos todo el camino hablando. Vimos el autobús a lo lejos, por lo que todos los estudiantes empezaron a correr, menos yo, él me miró , dejó de correr, y  dijo “Bah, podemos esperar a coger el siguiente, ¿damos un paseo?”
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lunes, 25 de enero de 2016

1.El despegue

Todos hemos visto alguna vez una película de amor en la que hemos soñado,  deseado que nos pasara, o la historia de amor de algún conocido que envidiábamos. ¿Por qué el amor nos marca tanto? Las mejores canciones hablan de amor, las mejores películas, las mejores historias...
En estas entradas podréis leer una historia de amor muy peculiar, romántica donde las haya, pero dramática como la que más. No todo siempre sale como uno quiere, pero... ¿cómo sabemos que es el final?

Cuando todo empezó, yo era una chica de 25 años con toda la vida por delante acabando por fin sus estudios, filología inglesa. Desde pequeña me había gustado el inglés, cursando clases en el extranjero siempre que podía. Como me llama Beatriz,  una de mis hermanas, "La Willy Fock". Sin embargo, para el resto de la tierra me llamo Loida. Nombre raro, sí, pero única. Soy una de las protagonistas de esta historia de amor (creo que también muy única). Siempre había sido "la rara", apartándome de todo y todos sin dar explicaciones, simplemente para no sufrir.

Una vez más, para no afrontar los problemas que tenía, decidí huir, pero de una manera diferente, inteligente, aprovechando una beca ERASMUS en el extranjero.

El 13 de septiembre de 2012 empezó mi aventura de ERASMUS viajando a Eslovaquia. No sabía qué determinaría ese viaje, que cambiaría mi forma de ser, mi manera de ver las cosas, y más importante, mi futuro...
Pedí la beca ERASMUS durante dos años, los cuales se me denegó. Por segundo año consecutivo, en Marzo de 2012,  pedí sitios como Londres o Viena. La respuesta del coordinador fue que no había más plazas, pero que había un sitio que nadie había elegido y tenía la oportunidad de cursar el último año de Filología Inglesa. Este sitio era Kosice. ¿Dónde? Sí, sí, Kosice, eso existe, en el este de Eslovaquia. Como os podéis imaginar con ese tipo de nombre ¿quién iba a querer ir? Mi negativa fue completa, ya que ni me interesaba, ni me llamaba la atención, y tendría que ir sola a un país escandinavo ( es decir, casi casi al polo norte) que vive con años de atraso.
Mi corazón me decía que tenía que ir y vivir la experiencia. No sabía lo que me depararía ese viaje, pero tenía que intentarlo.  Sin dudarlo, y aunque sufrí mucho , es la mejor decisión que he podido tomar , porque así es como empieza la historia del amor de mi vida.
Llegó el día de coger maletas, aviones, 3 aeropuertos diferentes, y tren desde Budapest a Kosice con 23 horas de viaje. Llegué a la residencia de estudiantes, el que sería mi hogar durante un año.  
Al llegar todos me daban la bienvenida, eslovacos, polacos, árabes, turcos, españoles,etc. Todo el mundo parecía muy simpático por lo que me tranquilizó saber que no sería todo tan malo, ya que la ciudad era horrorosa y apestosa, la residencia cutre, sucia y vieja. Pasaron los primeros días y cada vez iba conociendo a más gente, estudiantes de todas partes del mundo. Se iban haciendo fiestas en las habitaciones y así conocer a más gente.
El segundo día fui a una de las fiestas pero me aburrí muchísimo, ya que las discotecas, o fiestas donde se bebe y se baila no es mi estilo. La música era malísima (aunque para gustos colores), por lo que me senté en una de las camas a esperar que pasara el rato y volverme a mi cuarto. Se me acercó un chico y me dijo “¡Qué rollo de música! ”- ¡Menos mal, alguien que piensa como yo!  “¿Te gusta?” Me preguntó  -Por supuesto que no, pero mi estilo no creo que guste aquí! contesté, -a lo que con cara de no importarle la opinión de otros dijo: “ el mío tampoco creo que guste, pero me da igual”. El misterioso chico se dirigió al ordenador y cambió la música sin importarle lo que los demás pensaran. Para mi sorpresa puso ¡Queen! OMG ¡¡¡Uno de mis grupos preferidos!!! ¿Podría coincidir con alguien que ha nacido a 2715 km de mi? ¿Podríamos tener algo en común? Simplemente por su gusto musical me hizo interesarme más en él.

-Desde pequeña he hecho cursos de música, solfeo, flauta travesera, piano, clases de canto, coro, actuar en musicales... por lo que la música va dentro de mi, y conocer a alguien por tener un gusto tan parecido al mío, me gustó. Venga vale, lo admito, ¡me encantó!-


Seguíamos en la fiesta, el chico misterioso y yo empezamos a hablar, escuchando nuestra música, mientras que los demás lo daban todo en la pista ( en la alfombra cutre de la habitación) . Nosotros hablábamos y hablábamos , hasta que… apareció una chica enfadada con él. Se pusieron a hablar en polaco, por lo que no entendí nada. Al menos supe que el chico era polaco,algo más que sé de él,pensé.   Ahí recordé las palabras de mi primo que me había hecho un mes antes en una cena. "Disfruta de tu ERASMUS y a ver si te enamoras de un polaco, que son muy buena gente" ¿Tendría algo que ver las palabras de mi primo con esa situación?

Tras la disputa polaca, así sin más, él se fue tras ella. Me volví a quedar sola con la curiosidad de querer conocer más al polaco y saber su nombre... ¿Volvería? Me esperaba un año en esa residencia... no podía quedarse ahí la intriga por conocer a ese chico tan misterioso. ¿Cuándo volvería a verle...?
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