lunes, 16 de mayo de 2016

6.Diferencias culturales

Se levantó a abrir la puerta. Era Ewa, su compañera polaca. De repente ella se le lanzó a los brazos y le dijo “ te he echado de menos”. Mi cara de sorpresa “les rompió el momento”. ¿Quién eres tú? Me preguntó Ewa. Así que Bartek nos presentó. A ella parecía darle igual, ya que se le veía una chica muy segura de sí misma, echada para adelante y sin pelos en la lengua. Ewa tenía un cuerpazo, y lo aprovechaba, demasiado diría yo. Iba siempre con tops, muchísimo escote , pantalones muy ajustados y tacones. Si así iba a clase no me quería imaginar cómo salía de marcha...
Necesito los apuntes de estomatología – dijo la polaca. Así que él sin problema se puso a buscarlos. Mientras tanto ella le miraba con cara de deseo, yo no sabiendo qué hacer,  veía que sobraba. Hasta hacía pocos minutos me sentía alguien diferente para él, especial. Pero quizás le habría dicho las mismas palabras a ella que a mi. Entonces él le dio los apuntes , siguieron hablando y riendo, yo no entendía nada, ya que hablaban en polaco.
La chica se fue y él me explicó que era una compañera de clase que vivía en nuestra misma residencia . ” ¿Por qué me das explicaciones? No soy nadie tuya, puedes hacer lo que quieras.”Le contesté. Sin saber por qué, no me sentía tan cómoda como antes, así que decidí irme a mi cuarto.

Pasé la tarde en el cuarto haciendo deberes sin dejar de pensar en él. 

De repente tocaron a la puerta. Se me saltó el corazón pensando que fuera el polaco. “entra” contesté. Era Musab, uno de los turcos con los que me llevaba muy bien. Le invité a tomar el té y estuvimos hablando un rato.
Sabía que los turcos tenían otra mentalidad, otra cultura, pero llegué a conocer cosas muy radicales que me hicieron alejarme un poco de ellos.
Esa misma tarde Musab me confesó que le gustaba, que quería ir a dar una vuelta conmigo. A pesar de estar soltera, y de él ser un chico majo, me sentía que no podía tener una cita con otro hombre ya que no dejaba de pensar en Bartek. Esa fue mi respuesta, a lo que él me respondió: “pero ¿tú has visto a ese blancucho? Es un soso, feo, y friki que sólo estudia.- Es posible, pero me gusta- contesté.  El turco no se daba por vencido y siguió insistiendo hasta llegar a decirme que se conformaba con que tuviéramos noches esporádicas. "¿Perdona? Definitivamente no me conoces, no soy ese tipo de chica, y desde luego no soy un premio que puedes ganar o perder", le contesté muy ofendida.

Si eso no era suficiente, me contó que estaba prometido en Turquía, que tenía otra novia en Eslovaquia, y se estaba acostando con 2 chicas más, una de nuestra residencia y otra de la residencia de enfrente. Mi cara de asombro, enfado, asco, irritación y repugnancia reflejaron como me sentía así que lo mínimo que pude hacer fue echarle de mi habitación.

 Había sido un día agridulce, así que decidí irme a dormir y pensar que el día siguiente sería mejor. 

La mañana siguiente  tenía que ir a dos sitios de la ciudad a hacer papeleos sobre la universidad. Charly, el malagueño, me acompañó para que se me hiciera más ameno. Él no paraba de hablar de Fulya, mi compañera de habitación turca. A penas habían hablado y él parecía estar muy enganchado por ella ( a pesar de él estar en una relación) . Le comenté lo de la noche anterior con Musab, ya que ambos eran turcos y la cultura influenciaba mucho, por lo que tenía que tener cuidado con Fulya ya que los españoles y turcos tenemos una visión de la vida muy diferente.  

Como ambos seguíamos pensando y hablando de Bartek y Fulya, nos armamos de valor y  decidimos escribirles para que vinieran a comer con nosotros a Aupark en Hlavna ulice.

Cogí mi móvil para escribir a Bartek y recibí un mensaje. “Hola Loida, soy Mizbah, ¿te apetece ir a comer algo los dos juntos?” Mizbah era el otro turco que me gustaba, con el que me había liado la noche de la fiesta. Desde entonces no habíamos vuelto a hablar. ¿Por qué me escribía ahora? ¿Debería quedar con él y hablar lo que había sucedido entre los dos? Pero... es ¡turco! Bueno, una raza o cultura no convierte a una persona en mejor o peor... ¿le doy otra oportunidad? 
Continue Reading...

lunes, 11 de abril de 2016

5.Un final con buen comienzo

“Mis spaguettis están listos, ¿vienes?” Afirmé y me dirigí con mi pollo con verduras hacia su cuarto. Su habitación era mucho más pequeña porque era individual, no compartía con nadie más. “No tengo mucho sitio, espero que estés cómoda.” Se preocupaba por mi por cosas simples. Puso velas en la mesa, nuestros platos y el ordenador de fondo con música. Me encantaba la música que tenía, era muy parecida a la mía y eso me gustaba.


No podíamos parar de hablar de nuestras vidas. Únicamente hubo algo que me hizo parar de escucharle.¡Cómo comía los espaguetis! Parecía un animal, ¡un mono! Era horrible, ¿dónde estaban los modales?  -Perdón , llevo mucho tiempo solo y me he olvidado cómo comer frente a alguien- me dijo disculpándose tras ver mi cara de póker.
Terminamos de comer y me despedí, ya que tenía que ir a mi cuarto y hacer los deberes de la carrera. ¿Te apetece ver una película? Me preguntó. No sabía qué responder, ya que por una parte me apetecía estar con él, pero tenía que hacer los deberes de la universidad. ¿Qué película quieres ver? -“The Town”- me contestó. No me suelen gustar las películas de acción, pero aunque no me interesara la película decidí quedarme por pasar más tiempo con él.
Sentía que la relación empezaba al revés. Tras haber pasado una noche con él, ahora empezábamos a conocernos, a querer pasar más tiempo juntos,  reírnos, a disfrutar… ¿Tendría esto futuro?
Preparó unas palomitas y puso la película. Nos tumbamos en la cama y pusimos el ordenador en el escritorio, un poco más a la izquierda de la cama, por lo que me estuvo doliendo el cuello durante la película hasta que se lo dije: “¿Nos cambiamos de sitio? Me duele mucho el cuello.” De repente nos miramos y sentí en sus ojos un brillo especial, en mi estómago mariposas, y mi corazón latiendo cada vez más rápido. No pudimos evitar acercarnos  cada vez más, hasta que llegó el tan esperado beso. Esta vez ebria, así que pude saborearlo, recordarlo, y disfrutarlo. A pesar de no ser nuestro primer beso, quería que ese contara como tal.

Nos separamos , me miró a los ojos y me dijo: “No sé qué me pasa contigo, siento algo especial que jamás había sentido, es como si te conociera de antes” Yo sentía y pensaba exactamente lo mismo, pero tenía miedo a decírselo , a abrir mi corazón y que me lo rompiera, queriendo o sin querer. ¿Cómo sabía que lo que decía era cierto? ¿y si era como todos los hombres que te regalan el oído con un único objetivo? ¿Sería él distinto? Mientras yo me comía la cabeza pensando qué hacer, se me acercó y me volvió a besar. Me sentía en las nubes. Sin embargo, de repente alguien tocó a la puerta :Cześć" (hola en polaco) Bartek!!!” dijo una voz femenina con mucho ímpetu.

No todo podía ser tan bonito…
Continue Reading...

sábado, 20 de febrero de 2016

4. Nota a mi futuro yo "No beber tanto alcohol"

Me dirigí hacia Mizbah para decirle que me iba a la residencia ¡iba peor de lo que pensaba! Tenía la mirada perdida, y parecía que ni me escuchaba. Por lo que fui hacia Bartek y le comuniqué lo mismo, a lo que él dijo que me acompañaba. Fuimos andando y hablando hasta lo que era nuestro hogar. Recuerdo poca conversación, pero sé que como siempre, estuve muy a gusto. Llegamos al tercer piso donde estaban nuestras habitaciones y llegó el momento de despedirse. Me llevó a mi cuarto por si no llegaba, ya que no me mantenía muy recta. Me sentó en la cama , se me acercó y besó la frente diciéndome un “sweet dreams and good night”. ¿Buenas noches y ya está?- pensé. Se dio la vuelta y se fue. Si, cierto, un hombre respetuoso, lo que siempre había buscado, pero sentía que quería un beso de buenas noches.
Dejé el abrigo, me puse el pijama de topitos rojo y blanco de “Betty Boop”  (antisexy total) y me dirigí hacia su cuarto. Toqué la puerta y escuché “Pasa”. Él estaba sentado en su cama cabizbajo, no sé si por el alcohol o porque estaba pensativo. Me invitó a una copa de vino, sin saber por qué acepté, cosa que no debía haber hecho porque ya llevaba demasiado alcohol injerido. Recuerdo vagamente como hablábamos y reíamos. El siguiente recuerdo que tengo es abrir mis ojos , estábamos en su cama, bajo las sábanas, ambos como nuestras madres nos trajeron al mundo. Él durmiendo y yo ¿asustada?, ¿sorprendida? No recordaba absolutamente nada de cómo había llegado hasta ahí, ni qué había pasado (aunque fuera obvio…) Me sentí tan mal que me vestí y me fui a mi cuarto sin decirle nada.
Al día siguiente no fui capaz de salir de mi cuarto por miedo a verle. Tras sentirme tan mal conmigo misma me prometí no volver a beber alcohol sin control y no hacer nada que no pueda recordar después.  
Me había acostado con el chico que me gustaba y no recordaba ni cómo había sido el primer beso. ¡Qué decepcionante!-pensé. Ya que no me atrevía a salir del cuarto decidí descargarme una película, pedirle a mi compi de habitación que fuera al microondas a ponerme las palomitas y así pasar la tarde. De repente recibí una solicitud de amistad en Facebook, Bartlomiej, leí. ¿y ese quién es? Pensé. Cuando me dí cuenta que se trataba de Bartek, el polaco, pegué un salto de la silla y me incorporé. “Hola,¿ qué tal llevas el sábado?” Me preguntó. ¿Se estaba interesando por mi aún después de lo que había pasado la noche anterior? Ver una película, contesté. ¡Yo también! ¿Quieres venir a verla conmigo? Me preguntó. A lo que me negué, ya que en una hora había quedado con los portugueses y las españolas para ir a jugar a los bolos. Aun así seguimos hablando a través del Messenger de Facebook a pesar de estar a pocos metros el uno del otro.

Me vestí y me fui al centro con los demás, aunque me lo estaba pasando bien (y perdiendo en los bolos) seguía pensando en el polaco. Cada vez que pensaba en él recibía un mensaje suyo. ¿Cómo podía ser? ¿Me leía el pensamiento? De vuelta a la residencia me volvió a decir que fuera a ver una película a su cuarto, lo cual volví a rechazar, ya que eran las 23.30 y el próximo día tenía clase en la universidad a las 7.00 am. Sí, un lunes clase de fonética inglesa a las 7.00 am, básicamente ganas de tocar las narices.


Llegó el lunes. Tras volver de las clases , me fui a la cocina a preparar la comida. La cocina siempre estaba abierta, ya que éramos muchos estudiantes y si no no cabíamos, por lo que cada vez que alguien subía las escaleras hacia el tercer piso lo veíamos. Cada vez que veía una sombra me giraba por si era Bartek. Hasta que de repente escuché a alguien silbando una canción, me giré y era él. ¡Me puse tan nerviosa! Sin embargo no vino a la cocina, se fue al cuarto a dejar sus cosas y yo me quedé atontada en la cocina. Recuerdo que estaba cortando pimientos y casi me corto el dedo. “Hola chicos” dijo una voz muy grave y atractiva. ¿Qué tal va vuestro día? Bartek preguntaba a todos los que estábamos en la cocina pero no dejaba de mirarme. Mi vocecita interior dijo: Loida, ¿qué te pasa? ¡Se te va la sonrisa a un lado! Me di cuenta de la cara tonta que se me ponía estando su presencia. Tras un rato preparando la comida se me acercó y me dijo ¿quieres venir a comer a mi cuarto? .¿ Por qué no?, pensé. Era hora de afrontar la realidad y hablar de lo que había pasado, ¿o mejor dejarlo así?
Continue Reading...

domingo, 31 de enero de 2016

3. El camino se bifurca

La vuelta a la residencia fue por decirlo de alguna manera, rara. Al salir de Borzelino Pizza y no coger el autobús, Bartek y yo fuimos a dar un paseo. Seguimos hablando sin parar. Cada vez me interesaba más y más conocerle. ¿Qué era ese algo especial que tenía su mirar? ¿o era su sonrisa profident? Normal que tuviera tal sonrisa perfecta. Bartek estaba en tercer año de carrera de Odontología y Medicina en la universidad Pavla Josefa Safarik de Kosice, en la misma que yo cursaba 5º de Filología Inglesa, pero nuestras facultades estaban separadas por 17 km, ya que sus clases eran en el hospital de la ciudad. 
Bartek era un chico muy tradicional, venía de familia católica, muy educada, con grandes valores. Se pasaba el día entero estudiando, por lo que no tenía mucho tiempo para estar con él porque se tomaba muy en serio sus estudios. El tiempo que pasábamos hablando volaba, empezábamos a hablar y de repente habían pasado 3 o 4 horas. ¿Cómo podía ser?
Aquella tarde de Septiembre me sentía muy a gusto con él. Llegó el momento de coger el bus de vuelta porque él tenía que estudiar. Llegamos a la residencia, y subimos los 3 pisos hasta llegar a nuestros cuartos. Llegó el momento de decir adiós. Nos separaban un par de habitaciones. Al subir las escaleras su habitación estaba a la izquierda, enfrente de la cocina, y mi habitación a la derecha, al final del pasillo, justo al lado de la terraza para tender la ropa, aquel sitio que parecía que entrabas al Polo Norte, donde sacabas tu ropa completamente dura con estalactitas colgando de las mangas.
-¿Qué planes tienes ahora?- Pregunté entre suspiros por subir los  3 pisos.
-Me iré al cuarto que tengo que estudiar
-Ok, que te sea leve- Contesté un poco triste que se acabara nuestra noche. Sin recibir dos besos, ni ningún tipo de acercamiento, se dio la vuelta y se fue.  Me fui cabizbaja caminando hacia mi cuarto pensando en cuándo volvería a verle. Llegué a mi cuarto, dejé el bolso, el abrigo y me senté en la cama. – Necesito volver a verle, pensé- Así que me levanté, y fui hacia el pasillo por si acaso le veía. Al momento que salí de mi cuarto hacia el pasillo, él salía de su cuarto hacia el pasillo. Los dos nos quedamos mirándonos, sorprendidos, nos pusimos rojos (o al menos noté el calor en mis mejillas) y nos preguntamos a la vez ¿Dónde vas? Por lo que la risa y sonrisa tímida apareció en ambos rostros.
 –Voy a cenar a la cocina-contestó Bartek. -Pero… ¡si acabamos de cenar! Dije yo asombrada – Ah si, es verdad. Pues nada , me voy al cuarto. – contestó Bartek.  Mi cara fue todavía más de sorpresa. Entonces, ¿por qué había salido del cuarto hacia el pasillo? ¿Se había olvidado que habíamos cenado y se volvía a meter a su habitación? No entendía absolutamente nada.

Por fin era viernes. ESN, la organización para los ERASMUS había preparado una fiesta para los nuevos estudiantes. Iríamos a un pub llamado Ibiza. Ya podría llamarse Mallorca para sentirme como en casa. No me suelen gustar las fiestas, pero tocaba ir, además conocería gente nueva. Me llamó mi “buddy “ Andrea Hanakova, era la que estaba “ a mi cargo” para ayudarme en temas universitarios, aunque también me ayudó para sacarme la tarjeta de débito y para la tarjeta del bus. Menos mal que la tuve a ella porque para entender eslovaco, tela. Si nos quejamos de que los españoles no hablan inglés para ayudar a los extranjeros, ahí menos.
Como todavía no empezaban las clases, nos juntábamos en las habitaciones para tomar el café, té, o probar comidas típicas de otros países. Me empecé a juntar con algunos turcos como Fulya, mi compañera de habitación. Una chica dulce, cariñosa, amigable pero muy tímida a la vez. Estaba influenciada por su cultura, demostrando un respeto por el prójimo y un servicio total al hombre. Siempre teniendo que seguir pensamientos de sus familias, o tener pareja que los padres habían elegido para ella. El estar fuera de casa le ayudó mucho a ver desde un punto de vista externo, y saber que ninguna mujer necesita de un hombre, ni ninguna mujer es una chacha, y por supuesto, un hombre no es mejor que una mujer.
Otro de los turcos eran Musab y Mizbah, dos chicos muy graciosos y abiertos. Siempre he creído que el amor no entiende de culturas ni razas, por eso no juzgaba por cultura, si no por persona. Mizbah tenía algo diferente que no había conocido en otros chicos anteriormente, una mirada muy penetrante, gracioso pero con un toque tímido que hacía que me gustara. Durante unos días estuvimos mucho tiempo juntos, jugando a las cartas, hablando,etc. Aunque he de decir que nos costaba comunicarnos ya que su nivel de inglés no era muy bueno. El mío tampoco era como el de una nativa, pero podía defenderme, ya que estaba en 5º año de Filología inglesa.)
¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba teniendo la oportunidad de conocer a dos chicos increíbles a la vez? Nunca había estado en esa situación, pero no podía elegir, ya que apenas les conocía,aunque  me gustaban muchas cosas de ambos.  Quizás la combinación de los dos sería perfecta, pero no quería que me gustara alguien por lo que yo quería que fuera si no por lo que realmente eran cada uno de ellos.

Llegó la noche de la fiesta Ibiza. Estábamos los erasmus preparados para ir. No sabía que los que no eran erasmus no estaban invitados a ir, por lo que Bartek, el polaco no iría, ya que él era estudiante internacional, pero no formaba parte de los erasmus. A pesar de que él no fuera a la fiesta, Mizbah estaría, por lo que al menos podría conocerle a él. Nos recogió el autocar en la puerta de Popradska 76, nos subimos y nos invitaron a chupitos, gratis. ¡Empezaba bien la noche! Una vez entrados en el local la gente empezaba a pedir bebidas, a beber como si no hubiera un mañana. ¿Iba a ser esa la realidad de los estudiantes? También ayudaba  el hecho que los chupitos costaran 0.50 € y una copa 3 euros. Decidí pedirme un ordinario vodka con limón, sin embargo ,ahí no sabían que era, ya que me pusieron todo el vaso de vodka y un trozo de limón en el borde de la copa. ¿Alguien puede beber eso sin más? Mi cuerpo no estaba acostumbrado, por lo que no tardé en encontrarme mal tras un par de copas.
La noche seguía, la gente bailando, divirtiéndose. Mientras estaba bailando al son de la canción con el atractivo turco, Mizbah , apareció Bartek en la fiesta. Me alegré, pero a la vez me sentí mal estar bailando con otro. ¿Por qué me sentía mal si no tenía absolutamente nada con ninguno? Mi idea de erasmus no era ni tener novio, ni conocer a alguien especial, más que sacarme las asignaturas que tenía de 5º, además de las imposibles pendientes de otros cursos. 
Bartek se acercó a las españolas, y le vi tonteando con Sandra, una alicantina muy guapa, pero que tenía novio en España. Me sorprendió por Bartek, ya que él defendía la fidelidad a muerte, no sólo por su parte, si no por los demás, y por mucho que le gustara alguien, no intentaría nada si la otra persona tiene pareja. Empezaron a bailar cada vez más juntos, y de repente desaparecieron ambos. Lo admito, me dolió, pero no podía reclamarle nada ya que no era nada mío. 
Yo me empezaba a encontrar mal, tanto por la situación, como por todo el alcohol que había injerido. Mizbah seguía dándome vueltas en la pista, por lo que aún me mareaba más. Paré y me fui hacia el baño, al salir estaba Mizbah esperándome en la puerta. ¿Para qué había venido? Él también iba bastante mal, más bien todos los estudiantes lo estábamos. Se me acercó, y de repente, sin darme a penas cuenta nos estábamos liando. ¿Qué estaba pasando? Sí, el chico me gustaba, pero no quería estar besando a ese chico sin más, además de estar borracha y seguramente no acordarme nada al día siguiente.
Decidí apartarme e irme. Me giré y Bartek estaba a pocos metros bailando con otra chica. Me acababa de liar con el turco y estaba celosa que él estuviera bailando con una chica. Loida , ¿qué te pasa? No me encuentro muy bien, es mejor volver a la residencia. ¿Sola? ¿con Mizbah o con Bartek?
Continue Reading...

miércoles, 27 de enero de 2016

2.Una partida de billar

Al día siguiente me encontraba en la cocina diminuta con otros 9 estudiantes. La residencia contaba con 4 plantas aproximadamente 50 habitaciones por planta, algunas habitaciones eran para una persona, y otras para compartir entre tres. Cada planta tenía una cocina para repartir entre los 80 estudiantes. La cocina era minúscula, por lo que teníamos que hacer cola para usar el fogón. Al ser tantos solíamos coincidir en la cocina. A veces simplemente, para hablar y conocernos.

Ese día estábamos reunidos 7 estudiantes, entre ellos turcos, polacos, un escocés y una rumana. Era enriquecedor ver tantas culturas juntas y conocer los diferentes pensamientos e ideologías de cada uno. Ya que apenas había sitio en la cocina, unos estaban de pie, otros en las sillas y yo apoyada en la ventana, enfrente de la puerta. A pesar de haber tanto “enriquecimiento cultural” cada vez que alguien entraba por la puerta me ponía nerviosa pensando que podría ser aquel desconocido del día anterior. ¿Por qué estaría nerviosa si lo acababa de conocer? De repente, se abrió la puerta, no porque lo viera, si no por el chirrido que hacía la puerta vieja al abrirse. Mis ojos se dirigieron hacia la entrada mientras mi compañero turco, Ümit, continuaba hablando en un inglés que costaba bastante entender. Al abrirse la puerta, durante unos segundos mi corazón se paró, no sé muy bien si era por el frío que entraba de fuera o porque entró él, el polaco. Sin embargo, noté como me empezaba a subir calor por el cuerpo y me estaba poniendo roja como un tomate. Él me sonrió y me saludó, se quedó un rato en la cocina y se volvió a marchar. Ese fue el único contacto que tuve con él aquel día.

Cuarto día en la residencia. Los estudiantes planeaban una salida al billar en “Hlavna ulice”el centro de Kosice, -¿por qué no? No se me da bien, pero seguro que nos divertimos, pensé-. Habíamos quedado en el pasillo de la residencia, en el tercer piso, donde yo vivía (compartiendo habitación con otras dos estudiantes, Melitta (rumana) y Fulya (turca). Cuando me fui acercando al punto de encuentro de repente le vi. Ahí estaba, esperando a los demás, con su sonrisa perfecta, sus gafitas, y algo extraño tenía en la mano. Una caja larga rectangular. Nada mas verme me sonrió y me pidió si le aguantaba la caja misteriosa porque tenía que ir a su cuarto un momento. Mientras tanto me fijé hacia dónde se dirigía, así poder saber dónde vivía. Entró al cuarto de enfrente de la cocina, ¿cómo no le habría visto más veces? Volvió y sin más se la di de vuelta, no pregunté qué era aunque tenía curiosidad. 
Hlavna ulice, Kosice

Llegó el momento de irnos hacia el autobús para dirigirnos al centro y me junté con otro grupo de estudiantes, entre ellos Charly, mi querido amigo malagueño. Charly era el típico andaluz “salao” que siempre te sacaba una sonrisa, siempre te hacía reír y te animaba aunque él estuviera por los suelos.

 Tras 15 minutos de viaje nos bajamos del autobús  en la parada del centro comercial Aupark. Al bajar del autobús nos hicimos una foto todos juntos para inmortalizar ese momento. El polaco se me acercó y me dio de nuevo su caja para cogérsela mientras se ataba los zapatos. ¿Casualidad? Desde aquel momento, empezamos a hablar durante toda la calle Hlavna ulice camino hasta “Relax billiard club”. Ahí por fin descubrí su nombre, Bartlomiej, polaco 22 años, pero le llaman Bartek. Primera vez que escuchaba tal nombre, por lo que aunque intenté acordarme, poco tiempo duró en mi cabeza.

Durante ese camino le pregunte sobre su novia, ya que le vi corriendo tras ella en la fiesta donde nos conocimos. A lo que me contó que era una chica con la que había estado, pero que ya se había acabado. Sin saber por qué, mi corazón dio un suspiro de alivio.

Entramos todos los estudiantes a la sala de billar. Ahí apoyó su caja y la abrió, todos curiosos nos pusimos a mirar el interior, era el palo con el que se juega al billar, ¡el polaco era profesional!  Por lo que por una vez se me ocurrió una buena idea, (peliculera ,por supuesto). ¿Y si me ayudara a jugar al billar, el roce, quiero decir, que me enseñara a jugar porque yo no sé (cosa que es cierta)? Mientras mis ojos hacían chispitas y mi estómago mariposas se me adelantó otro chico, Momo, un medio español- moro, se acercó a mi y me dijo “Loida, ven que te enseño” . Me agarró por la cintura con intención de ¿enseñarme a jugar? ,¿ tener más acercamiento? No me importaba su interés ya que yo no quería perder mi oportunidad de tener más contacto con Bartek. Así que miré a mi amigo Charly con cara de “ ¡sálvame! Yo quiero "aprender" con el polaco, no con éste!” (sí sí, todo eso con la mirada, y ¡ me entendió! ) así que gracias a Charly pude soltarme y le pedí  a Bartek que me enseñara. Por un momento me sentí como el videoclip de David Bustamente y Alex "Dos hombres y un destino". Sólo me faltaba el ventilador dándome en la cara y soltando la melena al viento.  Me puse muy , muy nerviosa estando cerca de él, incluso recuerdo ese momento tan incómodo en el que el bigote , o mejor dicho el labio superior,se me llenó de" pompitas "de sudor por nervios... ¡Que vergüenza pasé! Ya podría ser como el eslogan ¡Cuando haces pop ya no hay stop!

Le vi jugar y era muy bueno, ¡me sorprendí! De vez en cuando se giraba a mirarme y me ponía “tontita como una adolescente”. Evidentemente ganó las partidas a todos los que estábamos allí, hasta a Momo, que también era experto. La verdad, todos nos alegramos porque Momo era un chico bastante prepotente y creído, sin embargo Bartek era un chico humilde, por lo que todos disfrutamos de su victoria.


Salimos del billar, Bartek y yo no paramos de hablar todo el camino. ¡Me sentía tan cómoda! No le conocía de nada, pero sentía que podía hablar y hablar de cualquier cosa. Simplemente mostrándome yo misma. Es como si le conociera de toda la vida. Tal vez suena peliculero, pero así es como me sentí. Antes de llegar a la residencia, Bartek nos propuso a todos ir a cenar a Borzelino Pizza, un trozo de pizza enorme por un euro, y según él, el mejor sitio de pizza de todo el mundo. Nos dijo” Esta es la mejor pizza del mundo” y yo le contesté” algún día nos veremos las caras en una pizzería de Mallorca, Monkey, ¡esa es la mejor pizza del mundo! Y ya me dirás si tengo razón” ,“vale, vale ya veremos” me dijo él mostrando una sonrisa pícara .
 De vuelta a la residencia otra vez nos juntamos y pasamos todo el camino hablando. Vimos el autobús a lo lejos, por lo que todos los estudiantes empezaron a correr, menos yo, él me miró , dejó de correr, y  dijo “Bah, podemos esperar a coger el siguiente, ¿damos un paseo?”
Continue Reading...

lunes, 25 de enero de 2016

1.El despegue

Todos hemos visto alguna vez una película de amor en la que hemos soñado,  deseado que nos pasara, o la historia de amor de algún conocido que envidiábamos. ¿Por qué el amor nos marca tanto? Las mejores canciones hablan de amor, las mejores películas, las mejores historias...
En estas entradas podréis leer una historia de amor muy peculiar, romántica donde las haya, pero dramática como la que más. No todo siempre sale como uno quiere, pero... ¿cómo sabemos que es el final?

Cuando todo empezó, yo era una chica de 25 años con toda la vida por delante acabando por fin sus estudios, filología inglesa. Desde pequeña me había gustado el inglés, cursando clases en el extranjero siempre que podía. Como me llama Beatriz,  una de mis hermanas, "La Willy Fock". Sin embargo, para el resto de la tierra me llamo Loida. Nombre raro, sí, pero única. Soy una de las protagonistas de esta historia de amor (creo que también muy única). Siempre había sido "la rara", apartándome de todo y todos sin dar explicaciones, simplemente para no sufrir.

Una vez más, para no afrontar los problemas que tenía, decidí huir, pero de una manera diferente, inteligente, aprovechando una beca ERASMUS en el extranjero.

El 13 de septiembre de 2012 empezó mi aventura de ERASMUS viajando a Eslovaquia. No sabía qué determinaría ese viaje, que cambiaría mi forma de ser, mi manera de ver las cosas, y más importante, mi futuro...
Pedí la beca ERASMUS durante dos años, los cuales se me denegó. Por segundo año consecutivo, en Marzo de 2012,  pedí sitios como Londres o Viena. La respuesta del coordinador fue que no había más plazas, pero que había un sitio que nadie había elegido y tenía la oportunidad de cursar el último año de Filología Inglesa. Este sitio era Kosice. ¿Dónde? Sí, sí, Kosice, eso existe, en el este de Eslovaquia. Como os podéis imaginar con ese tipo de nombre ¿quién iba a querer ir? Mi negativa fue completa, ya que ni me interesaba, ni me llamaba la atención, y tendría que ir sola a un país escandinavo ( es decir, casi casi al polo norte) que vive con años de atraso.
Mi corazón me decía que tenía que ir y vivir la experiencia. No sabía lo que me depararía ese viaje, pero tenía que intentarlo.  Sin dudarlo, y aunque sufrí mucho , es la mejor decisión que he podido tomar , porque así es como empieza la historia del amor de mi vida.
Llegó el día de coger maletas, aviones, 3 aeropuertos diferentes, y tren desde Budapest a Kosice con 23 horas de viaje. Llegué a la residencia de estudiantes, el que sería mi hogar durante un año.  
Al llegar todos me daban la bienvenida, eslovacos, polacos, árabes, turcos, españoles,etc. Todo el mundo parecía muy simpático por lo que me tranquilizó saber que no sería todo tan malo, ya que la ciudad era horrorosa y apestosa, la residencia cutre, sucia y vieja. Pasaron los primeros días y cada vez iba conociendo a más gente, estudiantes de todas partes del mundo. Se iban haciendo fiestas en las habitaciones y así conocer a más gente.
El segundo día fui a una de las fiestas pero me aburrí muchísimo, ya que las discotecas, o fiestas donde se bebe y se baila no es mi estilo. La música era malísima (aunque para gustos colores), por lo que me senté en una de las camas a esperar que pasara el rato y volverme a mi cuarto. Se me acercó un chico y me dijo “¡Qué rollo de música! ”- ¡Menos mal, alguien que piensa como yo!  “¿Te gusta?” Me preguntó  -Por supuesto que no, pero mi estilo no creo que guste aquí! contesté, -a lo que con cara de no importarle la opinión de otros dijo: “ el mío tampoco creo que guste, pero me da igual”. El misterioso chico se dirigió al ordenador y cambió la música sin importarle lo que los demás pensaran. Para mi sorpresa puso ¡Queen! OMG ¡¡¡Uno de mis grupos preferidos!!! ¿Podría coincidir con alguien que ha nacido a 2715 km de mi? ¿Podríamos tener algo en común? Simplemente por su gusto musical me hizo interesarme más en él.

-Desde pequeña he hecho cursos de música, solfeo, flauta travesera, piano, clases de canto, coro, actuar en musicales... por lo que la música va dentro de mi, y conocer a alguien por tener un gusto tan parecido al mío, me gustó. Venga vale, lo admito, ¡me encantó!-


Seguíamos en la fiesta, el chico misterioso y yo empezamos a hablar, escuchando nuestra música, mientras que los demás lo daban todo en la pista ( en la alfombra cutre de la habitación) . Nosotros hablábamos y hablábamos , hasta que… apareció una chica enfadada con él. Se pusieron a hablar en polaco, por lo que no entendí nada. Al menos supe que el chico era polaco,algo más que sé de él,pensé.   Ahí recordé las palabras de mi primo que me había hecho un mes antes en una cena. "Disfruta de tu ERASMUS y a ver si te enamoras de un polaco, que son muy buena gente" ¿Tendría algo que ver las palabras de mi primo con esa situación?

Tras la disputa polaca, así sin más, él se fue tras ella. Me volví a quedar sola con la curiosidad de querer conocer más al polaco y saber su nombre... ¿Volvería? Me esperaba un año en esa residencia... no podía quedarse ahí la intriga por conocer a ese chico tan misterioso. ¿Cuándo volvería a verle...?
Continue Reading...

Followers

Search

Follow The Author