Se levantó a abrir la puerta. Era Ewa, su compañera polaca. De repente ella se le lanzó a los brazos y le dijo “ te he echado
de menos”. Mi cara de sorpresa “les rompió el momento”. ¿Quién eres tú? Me preguntó
Ewa. Así que Bartek nos presentó. A ella parecía darle igual, ya que se le veía
una chica muy segura de sí misma, echada para adelante y sin pelos en la
lengua. Ewa tenía un cuerpazo, y lo aprovechaba, demasiado diría yo. Iba
siempre con tops, muchísimo escote , pantalones muy ajustados y tacones. Si así
iba a clase no me quería imaginar cómo salía de marcha...
Necesito los apuntes de estomatología – dijo la polaca. Así que él sin problema se puso a buscarlos. Mientras tanto ella le
miraba con cara de deseo, yo no sabiendo qué hacer, veía que sobraba.
Hasta hacía pocos minutos me sentía alguien diferente para él, especial. Pero
quizás le habría dicho las mismas palabras a ella que a mi. Entonces él le dio
los apuntes , siguieron hablando y riendo, yo no entendía nada, ya que
hablaban en polaco.
La chica se fue y él me explicó que era una compañera
de clase que vivía en nuestra misma residencia . ” ¿Por qué me das
explicaciones? No soy nadie tuya, puedes hacer lo que quieras.”Le contesté. Sin
saber por qué, no me sentía tan cómoda como antes, así que decidí irme a mi
cuarto.
Pasé la tarde en el cuarto haciendo deberes sin dejar de pensar en él.
De repente tocaron a la puerta. Se me saltó el corazón pensando que fuera el polaco. “entra” contesté. Era Musab, uno de los turcos con los que me llevaba muy bien. Le invité a tomar el té y estuvimos hablando un rato.
Sabía que los turcos tenían otra mentalidad, otra cultura, pero llegué a conocer cosas muy radicales que me hicieron alejarme un poco de ellos.
Pasé la tarde en el cuarto haciendo deberes sin dejar de pensar en él.
De repente tocaron a la puerta. Se me saltó el corazón pensando que fuera el polaco. “entra” contesté. Era Musab, uno de los turcos con los que me llevaba muy bien. Le invité a tomar el té y estuvimos hablando un rato.
Sabía que los turcos tenían otra mentalidad, otra cultura, pero llegué a conocer cosas muy radicales que me hicieron alejarme un poco de ellos.
Esa misma tarde Musab me confesó que le gustaba, que
quería ir a dar una vuelta conmigo. A pesar de estar soltera, y de él ser un chico
majo, me sentía que no podía tener una cita con otro hombre ya que no dejaba de
pensar en Bartek. Esa fue mi respuesta, a lo que él me respondió: “pero ¿tú has
visto a ese blancucho? Es un soso, feo, y friki que sólo estudia.- Es posible,
pero me gusta- contesté. El turco no se daba por vencido y siguió insistiendo hasta
llegar a decirme que se conformaba con que tuviéramos noches esporádicas. "¿Perdona? Definitivamente no me conoces, no soy ese tipo de chica, y desde
luego no soy un premio que puedes ganar o perder", le contesté muy ofendida.
Si eso no era suficiente, me contó que estaba prometido en Turquía, que tenía otra novia en Eslovaquia, y se estaba acostando con 2 chicas más, una de nuestra residencia y otra de la residencia de enfrente. Mi cara de asombro, enfado, asco, irritación y repugnancia reflejaron como me sentía así que lo mínimo que pude hacer fue echarle de mi habitación.
Si eso no era suficiente, me contó que estaba prometido en Turquía, que tenía otra novia en Eslovaquia, y se estaba acostando con 2 chicas más, una de nuestra residencia y otra de la residencia de enfrente. Mi cara de asombro, enfado, asco, irritación y repugnancia reflejaron como me sentía así que lo mínimo que pude hacer fue echarle de mi habitación.
Había sido un
día agridulce, así que decidí irme a dormir y pensar que el día siguiente sería
mejor.
La mañana siguiente tenía que ir a dos sitios de la ciudad a hacer papeleos sobre la universidad. Charly, el malagueño, me acompañó para que se me hiciera más ameno. Él no paraba de hablar de Fulya, mi compañera de habitación turca. A penas habían hablado y él parecía estar muy enganchado por ella ( a pesar de él estar en una relación) . Le comenté lo de la noche anterior con Musab, ya que ambos eran turcos y la cultura influenciaba mucho, por lo que tenía que tener cuidado con Fulya ya que los españoles y turcos tenemos una visión de la vida muy diferente.
Como ambos seguíamos pensando y hablando de Bartek y Fulya, nos armamos de valor y decidimos escribirles para que vinieran a comer con nosotros a Aupark en Hlavna ulice.
La mañana siguiente tenía que ir a dos sitios de la ciudad a hacer papeleos sobre la universidad. Charly, el malagueño, me acompañó para que se me hiciera más ameno. Él no paraba de hablar de Fulya, mi compañera de habitación turca. A penas habían hablado y él parecía estar muy enganchado por ella ( a pesar de él estar en una relación) . Le comenté lo de la noche anterior con Musab, ya que ambos eran turcos y la cultura influenciaba mucho, por lo que tenía que tener cuidado con Fulya ya que los españoles y turcos tenemos una visión de la vida muy diferente.
Como ambos seguíamos pensando y hablando de Bartek y Fulya, nos armamos de valor y decidimos escribirles para que vinieran a comer con nosotros a Aupark en Hlavna ulice.
Cogí mi móvil para escribir a Bartek y recibí un
mensaje. “Hola Loida, soy Mizbah, ¿te apetece ir a comer algo los dos juntos?”
Mizbah era el otro turco que me gustaba, con el que me había liado la noche de
la fiesta. Desde entonces no habíamos vuelto a hablar. ¿Por qué me escribía
ahora? ¿Debería quedar con él y hablar lo que había sucedido entre los dos? Pero... es ¡turco! Bueno, una raza o cultura no convierte a una persona en mejor o peor... ¿le doy otra oportunidad?
