Me dirigí hacia Mizbah para decirle que me iba a la
residencia ¡iba peor de lo que pensaba! Tenía la mirada perdida, y parecía que
ni me escuchaba. Por lo que fui hacia Bartek y le comuniqué lo mismo, a lo que
él dijo que me acompañaba. Fuimos andando y hablando hasta lo que era nuestro
hogar. Recuerdo poca conversación, pero sé que como siempre, estuve muy a gusto.
Llegamos al tercer piso donde estaban nuestras habitaciones y llegó el momento
de despedirse. Me llevó a mi cuarto por si no llegaba, ya que no me mantenía
muy recta. Me sentó en la cama , se me acercó y besó la frente diciéndome un
“sweet dreams and good night”. ¿Buenas noches y ya está?- pensé. Se dio la
vuelta y se fue. Si, cierto, un hombre respetuoso, lo que siempre había buscado, pero sentía que quería un beso de buenas noches.
Dejé el abrigo, me puse el pijama de topitos rojo y
blanco de “Betty Boop” (antisexy total)
y me dirigí hacia su cuarto. Toqué la puerta y escuché “Pasa”. Él estaba
sentado en su cama cabizbajo, no sé si por el alcohol o porque estaba
pensativo. Me invitó a una copa de vino, sin saber por qué acepté, cosa que no
debía haber hecho porque ya llevaba demasiado alcohol injerido. Recuerdo
vagamente como hablábamos y reíamos. El siguiente recuerdo que tengo es abrir
mis ojos , estábamos en su cama, bajo las sábanas, ambos como nuestras madres
nos trajeron al mundo. Él durmiendo y yo ¿asustada?, ¿sorprendida? No recordaba
absolutamente nada de cómo había llegado hasta ahí, ni qué había pasado (aunque
fuera obvio…) Me sentí tan mal que me vestí y me fui a mi cuarto sin decirle
nada.
Al día siguiente no fui capaz de salir de mi cuarto
por miedo a verle. Tras sentirme tan mal conmigo misma me prometí no volver a
beber alcohol sin control y no hacer nada que no pueda recordar después.
Me había acostado con el chico que me gustaba y no recordaba ni cómo había sido
el primer beso. ¡Qué decepcionante!-pensé. Ya que no me atrevía a salir del
cuarto decidí descargarme una película, pedirle a mi compi de habitación que
fuera al microondas a ponerme las palomitas y así pasar la tarde. De repente
recibí una solicitud de amistad en Facebook, Bartlomiej, leí. ¿y ese quién es? Pensé.
Cuando me dí cuenta que se trataba de Bartek, el polaco, pegué un salto de la
silla y me incorporé. “Hola,¿ qué tal llevas el sábado?” Me preguntó. ¿Se
estaba interesando por mi aún después de lo que había pasado la noche anterior?
Ver una película, contesté. ¡Yo también! ¿Quieres venir a verla conmigo? Me preguntó.
A lo que me negué, ya que en una hora había quedado con los portugueses y las
españolas para ir a jugar a los bolos. Aun así seguimos hablando a través del Messenger
de Facebook a pesar de estar a pocos metros el uno del otro.
Me vestí y me fui al centro con los demás, aunque me
lo estaba pasando bien (y perdiendo en los bolos) seguía pensando en el polaco.
Cada vez que pensaba en él recibía un mensaje suyo. ¿Cómo podía ser? ¿Me leía
el pensamiento? De vuelta a la residencia me volvió a decir que fuera a ver una
película a su cuarto, lo cual volví a rechazar, ya que eran las 23.30 y el
próximo día tenía clase en la universidad a las 7.00 am. Sí, un lunes clase de
fonética inglesa a las 7.00 am, básicamente ganas de tocar las narices.
Llegó el lunes. Tras volver de las clases , me fui a la
cocina a preparar la comida. La cocina siempre estaba abierta, ya que éramos muchos
estudiantes y si no no cabíamos, por lo que cada vez que alguien subía las escaleras
hacia el tercer piso lo veíamos. Cada vez que veía una sombra me giraba por si
era Bartek. Hasta que de repente escuché a alguien silbando una canción, me giré
y era él. ¡Me puse tan nerviosa! Sin embargo no vino a la cocina, se fue al
cuarto a dejar sus cosas y yo me quedé atontada en la cocina. Recuerdo que
estaba cortando pimientos y casi me corto el dedo. “Hola chicos” dijo una voz
muy grave y atractiva. ¿Qué tal va vuestro día? Bartek preguntaba a todos los
que estábamos en la cocina pero no dejaba de mirarme. Mi vocecita interior dijo: Loida, ¿qué te pasa? ¡Se te
va la sonrisa a un lado! Me di cuenta de la cara tonta que se me ponía estando
su presencia. Tras un rato preparando la comida se me acercó y me dijo ¿quieres
venir a comer a mi cuarto? .¿ Por qué no?, pensé. Era hora de afrontar la
realidad y hablar de lo que había pasado, ¿o mejor dejarlo así?